7 de mayo de 2017

De hijas y madres

Tenía esta entrada pendiente desde hace tiempo, y la había ido dejando, hasta que he pensado que hoy era el día ideal para publicarla.

Veréis, llevo dándole vueltas desde las declaraciones aquellas de Samanta Villar acerca de que se sentía engañada por cómo le habían vendido la maternidad. Sé que es un tema sobre el que se habló largo y tendido y ya es agua pasada. Seguro que hay alguna otra polémica más reciente. Pero lo bueno es que no pasa de moda y además todas tenemos nuestra propia visión. Aunque no seamos madres, con seguridad hemos sido hijas. Por eso mismo, lo de alegar desconocimiento, es una postura que no entiendo, quizá porque soy la mayor de cuatro hermanos y crecí en un momento distinto, justo cuando el papel de la mujer apenas comenzaba a cambiar.

Siempre se me dieron fatal las manualidades

Nací en 1968 y mi madre aún no había cumplido veintiún años cuando yo llegué sin aguardar invitación. Entonces no existía la epidural y estuvo de parto casi dos días, en un hospital que tenía los cristales rotos y en noviembre, cuando aún no había cambio climático y hacía frío de verdad. Y fue una adelantada, porque, si salía el tema en el colegio, muchos reconocían que habían nacido en sus casas (o las modernas eran sus madres, solo que no lo sabían). No había revistas ni páginas web especializadas que te diesen buenos consejos, ni clases de preparación al parto. Había otra clase de experiencia, pero también diferente mentalidad. Mi abuela tenía seis hijos y ya le daban bastante trabajo. Era una vida sin tantas comodidades, aunque por entonces casi todas las casas comenzaron a tener lavadoras. No existían los hiper en los que cargar el coche con la compra de la semana y había que ir a diario y esperar la vez en el mercado, aunque también la recuerdo atravesando medio Getafe, porque en el economato de la empresa en la que trabajaba mi padre la compra salía un poco más barata. A veces ibamos por la tarde, después de salir del colegio y, además del carrito, tenía que tirar de cuatro niños de 8, 6, 4, 2 años... También recuerdo las caminatas hasta casa de mi abuelo para llevarle la cena cuando murió mi abuela, las revistas de patrones y los retales con los que nos hacía vestidos, las muchas veces que amenazaba con quitarse la zapatilla, pero nunca llegaba a hacerlo. También estoy segura de que mi madre nunca nos ayudó a hacer los deberes. Difícilmente habría podido porque cuando era niña su profesora prefería estar de conversación en el pasillo antes que enseñarles matemáticas, con ponerles a coser tenía suficiente. Recuerdo que todas las tardes planchaba mientras en la radio se oía a Elena Francis y que los consejos de aquella señora siempre eran los mismos, hacerse respetar por los novios (teniendo en cuenta que hacerse respetar era esperar a tener sexo después de casados), ser paciente con los deslices y el malhumor de los maridos y usar la crema a la cera de plumas de cisne para mantener el cutis terso y suave.


Por si no os ha quedado claro el concepto publiciatario de la época

Lo que quiero decir es que nunca tuve la menor duda de que ser madre no es fácil, pero  también estoy convencida de que a día de hoy nuestras opciones son mucho mayores. Pertenezco a una generación que pudo disfrutar de oportunidades que hasta entonces habían estado vedadas a la gran mayoría. Pude estudiar, sacarme el carnet de conducir casi en cuanto cumplí los dieciocho años,  tuve libertad para salir y entrar (relativa y negociada, pero libertad al fin y al cabo), pude trabajar y tener independencia. Y si hice todo eso fue en gran parte gracias al apoyo de mi madre, que no tuvo ocasión de estudiar, que trabajó como una mula, pero sin cobrar ni tener reconocimiento legal, que me ayudó a cuidar a mi hijo para que yo no tuviera que renunciar. 

Y una vez más los tiempos han cambiado y nos encontramos con nuevos problemas (celebrar la fiesta de cumpleaños perfecta, sobrevivir a los grupos de Whatsapp, confiar en que el partido de fútbol del sábado no termine saliendo en las noticias...) Ahora tenemos horarios laborales imposibles y corresponsabilidades que dejan mucho que desear, mujeres que optan por aparcar sus carreras para criar a sus hijos y otras que hacen malabares intentando llegar a todo (y seguramente tanto unas como otras dudan en ocasiones de si tomaron la mejor decisión). Por eso no entiendo las etiquetas de "buenas o malas" madres y me parece lo peor que las redes se llenen de comentarios desaprobatorios cada dos por tres si una mujer que ocupa un cargo público se lleva a su bebé a una sesión de investidura o a otra se le ocurre dejarlo con una persona de confianza e irse por ahí a cenar.

Debe ser que no tenemos problemas más graves

Pero lo que sí me gusta es que todas podemos expresar nuestra opinión (también Samanta Villar, por supuesto) y decidir responsable y libremente si quermos tener un hijo, ninguno o media docena, si lo haremos en solitario (a veces por elección y otras porque no nos queda más remedio) o con idéntica implicación de nuestras parejas. Porque hay muchos, muchísimos aspectos en los que hay que seguir avanzando (de hecho he comenzado a escribirlos, pero eran tantos que he renunciado a intentarlo), porque si las que nos precedieron no nos hubieran abierto el camino, no estaríamos aquí. Por eso, antes que nada, lo que hoy quería era dar las gracias a mi madre y decirle que ojalá supiera hacerlo tan bien como ella.

Como lo hizo, como aún lo hace

Y mañana, si os parece, podemos seguir discutiendo cómo.




8 comentarios:

  1. Hay dos cosas que me gustan mucho de esta entrada: Una, el homenaje a tu madre que con ese curriculum que cuentas, se lo tiene más que merecido. La segunda, algo en lo que no he reparado hasta que lo has comentado: esas mujeres que se criaron escuchando consejos machistas y viendo anuncios como ese, aun así, han puesto su grano de arena para que la siguiente generación de mujeres pudiera estudiar, trabajar, ser independientes. Así que, me acordaré de ello cuando se me ocurra criticar la actitud de algunas mujeres de mi familia ;)
    Preciosa y emocionante entrada.

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    1. El enfado al escuchar ciertas cosas no se nos va a quitar, pero es verdad que tantos años de imposiciones, de prejuícios, de "es que siempre ha sido así", también pesan lo suyo. La entrada le gustó mucho a mi madre. Gracias infinitas, Lidia.

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  2. pero cuánto amor me llevo al leerte, cielo, qué superbonito todo y PALANTE, A SEGUIR DEFENDIENDO QUE SOMOS IGUALES Y TENEMOS LOS MISMOS DERECHOS QUE LOS HOMBRES, COÑE!
    (Me llevo hasta lo del cactus-mano que es muy lindo y lo voy a hacer con mi niño)
    La foto es requetebonita, dos flores de las fuertes, siemprevivas, entre margaritas :')
    un abrazo enorme para ti y para Feli, que sois dos supermamás y os admiro infinito <3

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    1. A mi madre le tocó una época difícil, pero tú también eres una de mis heroínas favoritas y sé que lo celebras con tu nene todos los días y a cada momento <3. Cuando hagáis el cactus mano mándame una foto!! XD Todo mi amor y mi adoración para ti y mil besos para tu chico!!

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  3. Preciosa, entrada.

    Yo creí en una familia de locos. Mi madre me tuvo con 18 años (en 1985) y no tengo padre. Siempre me siento un poco fuera de la sociedad al desconocer qué es ese vínculo del que a veces hablan entre padres e hijas, pero por curiosidad, no porque me haya echo falta.

    Mi madre y yo vivíamos con mis abuelos y sus siete hermanos. Ella trabajaba, día y noche, para colaborar en casa y no ser una carga, para sacarme adelante mientras se hacía mujer. La admiro más que a nadie en el mundo, ella es mi heroína, mi ejemplo, y lo sabe.

    Y si ella, que hasta que nuestra situación mejoró me veía más bien poco, se ha convertido en mi mayor ejemplo a seguir, ¿qué voy a opinar yo de esas etiquetas de buenas o malas madres? Nos vemos obligados a vivir con las cartas que nos han tocado, a veces elegimos, otras no tanto. Lo único que hay que hacer es seguir siempre hacia adelante (porque no queda otra, ni quedarte inmóvil es una opción).

    No sé lo que es ser madre, pero entendí las declaraciones de Samanta y las sigo entendiendo. Cada una es una persona distinta, ¿por qué iban a sentirse todas las madres igual? No es lo mismo una madre que pueda dedicarle todo el tiempo a sus hijos que una que trabaja de 7 de la mañana a las 10 de la noche. No lo es. No es comparable, ni nadie debería juzgar cómo se sienten cada una de ellas.


    Pero a parte de este tema (y perdóname por contarte mi vida), la entrada ha sido preciosa y me ha parecido todo un regalazo para tu madre. Espero que hayáis disfrutado del día :)

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    1. Me ha encantado que me cuentes tu vida, Carmen. Un abrazo enorme de mi parte para tu madre y también para ti. Y estoy muy de acuerdo contigo, eso es lo que más me molesta, que se juzgue y se critique tan a la ligera y aunque no esté de acuerdo con Samanta (o más bien me hace pensar que busca que hablen de ella aunque sea mal) también entiendo a qué se refiere. El caso es que sí creo que es bueno que nos hagamos oír y por eso también me ha gustado tanto que pasases por aquí. ¡Muchas, muchas gracias!

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  4. Preciosa entrada Marisa!! Nuestras madres han luchado como nadie y nosotras no seríamos lo que somos sin ellas. Y cómo las entendemos según maduramos y pasamos por lo que ellas sufrieron con nosotras!! Ya lo decías ayer sobre la madre de Lilian y la evolución de su relación a lo largo de la novela, afortunadamente estamos a tiempo de comprenderlas y admirarlas cada día más y, por supuesto, enmendar errores.
    Por cierto a la mía la enamoraste, ya está enganchadísima a La Dama del paso... y lo que te rondaré morena!! jeje
    Un besazo enorme

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    1. Muchas gracias, Inés!! Es verdad, es una generación que tuvo que enfrentarse a muchísimos cambios, a situaciones nuevas y que se merecen disfrutar ahora (nunca es tarde) de todo aquello de lo que no tuvieron ocasión en su juventud. Espero que también disfrute de Arianne y de el Paso! XDD Ya me dirás!!! Besos y más besos para las dos!!!!

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