16 de mayo de 2017

Y sonó la música

El viernes fue la cita y todavía estoy resacosa y nostálgica. 



Otra presentación, sí. Las hay todos los días, pero es que esta era especial y no porque fuese mía (no solo por eso), es que eran Lilian y Andreas.

Podría contaros lo nerviosas que estábamos, las ganas que teníamos de que saliera bien, de que gustase, de intentar transmitiros al menos una parte de lo que El último baile supone para nosotras, y hablo en plural porque sin Lidia, esto no sería lo mismo, no tan emocionante ni tan divertido. Pero como los protagonistas eran ellos, Andreas y Lili,  voy a cederles el foco y a mostraros cómo fue el guion de la presentación. Decir también que tanto la idea como la selección de los fragmentos y la elección de muchas de las piezas que suenan de fondo, fueron obra de Lidia (que además de amiga y blogger, es mi cómplice favorita) y que M.C. Sark (otra instigadora) nos ayudó a poner la mejor voz posible para los protagonistas (escuchadlas todas y luego me decís).

Un poco de silencio, un rato de calma, un café entre las manos si queréis... ¿Ya? Pues dadle al Play y empezamos con Dvorak y su Romance para violín y orquesta.




Texto del cap. 1. Un encuentro. Suena de fondo Gymnopedie 1, 2 de Erik Satie y pone la voz M.C. Sark.

Extracto del primer capítulo como introducción a la época y para ir dando información sobre lo que vamos a encontrar. Nos ponemos en situación: Viena, años 50, regreso de Lilian tras una estancia de catorce años en los Estados Unidos y reencuentro fortuito con Andreas.




Texto del cap. 2 Baile de debutantes. Música de Dmitri Shostakovich, Waltz Nº 2, voz de M.C. Sark.

Lilian. Tratar la evolución del personaje. Lo idealizado de su visión juvenil, la relación  con Andreas y cómo irá cambiando.




Texto del cap. 6 El vestido de lamé plateado. Escena de la biblioteca. Suena un charleston. Voz de Marisa.

Andreas. Referirse a él como un personaje del que no tenemos tanta información. El hándicap de que solo conocemos los pensamientos de Lili.




Texto del cap. 8. No lo hagas, Lili. Velada en el music hall del Grand Hotel. La música es un foxtrot y la voz de Lidia.

La relación con Ernst y cómo, a su vez, irá cambiando. El hecho de que cada uno tiene sus razones.



Texto del cap. 19 Resistir la tentación. Escena de la bañera. De fondo se escucha el Bolero de Ravel. Voz de Marisa

Punto de giro. La importancia de la época. La transgresión, la libertad, los cambios.




Texto del Cap. 24 De vuelta a casa. Suena una canción alemana de la época. Voz de Lidia.

La relación madre-hijas como tema de fondo y la cuestión de que cierta generación de mujeres puede verse identificada con algunas de las situaciones de la novela.





Texto del Cap. 36 Perderlo todo. Música de Erik Satie, Gnossienne.

Cerrando el círculo y dando voz a Andreas para terminar.




Despedida. Tenía que ser un vals: And the waltz goes on de Anthony Hopkins y Andre Rieu.



Todo eso más algunas notas mías, además de los textos por si fallaba el audio (horror), era lo que llevábamos escrito en los folios a los que daba vueltas mientras hablaba (junto con el sufrido boli). Mi hermana grabó varios fragmentos (mil gracias, Merce), los he unido en un solo vídeo y lo he subido a YouTube. El encuadre es así, así, yo a veces me lio y tengo que volver al hilo, también puede ser demasiado revelador y, si no lo habéis leído, seguramente sea mejor que no lo veáis, además es muy largo y, si después de desanimaros de esta manera, aún pensáis verlo, lo tenéis aquí. Pero si solo queréis comprobar lo emocionante que fue, lo feliz que estaba y cuánto os agradezco que quisieseis compartir ese día con nosotras, pinchad solo el final, justo a partir del minuto 51:47 y veréis que nuestras caras lo dicen todo. 



Queríamos que fuese un día para celebrar y lo fue, así que, aunque ya os digo que estoy nostálgica (estamos, ¿verdad, Lidia?), lo mejor es que el recuerdo, como su historia de amor, nunca termina de pasar. Está siempre ahí, para que la retomemos cada vez que queramos volver a ella, cada vez que queramos que suene la música y el baile vuelva a empezar. 

Os espero en Viena.

La imagen también es de Lidia 💙
PD. No podía terminar sin dejaros también las crónicas de Inés, Mónica, Lidia, Sara y Lucía ❤❤❤❤❤. Es verdad que fue mágico, pero lo mejor fue que esa magia la creamos entre todas. Nunca os daré suficientes gracias, pero ahí van otra vez. Muchas, muchas gracias.







 

7 de mayo de 2017

De hijas y madres

Tenía esta entrada pendiente desde hace tiempo, y la había ido dejando, hasta que he pensado que hoy era el día ideal para publicarla.

Veréis, llevo dándole vueltas desde las declaraciones aquellas de Samanta Villar acerca de que se sentía engañada por cómo le habían vendido la maternidad. Sé que es un tema sobre el que se habló largo y tendido y ya es agua pasada. Seguro que hay alguna otra polémica más reciente. Pero lo bueno es que no pasa de moda y además todas tenemos nuestra propia visión. Aunque no seamos madres, con seguridad hemos sido hijas. Por eso mismo, lo de alegar desconocimiento, es una postura que no entiendo, quizá porque soy la mayor de cuatro hermanos y crecí en un momento distinto, justo cuando el papel de la mujer apenas comenzaba a cambiar.

Siempre se me dieron fatal las manualidades

Nací en 1968 y mi madre aún no había cumplido veintiún años cuando yo llegué sin aguardar invitación. Entonces no existía la epidural y estuvo de parto casi dos días, en un hospital que tenía los cristales rotos y en noviembre, cuando aún no había cambio climático y hacía frío de verdad. Y fue una adelantada, porque, si salía el tema en el colegio, muchos reconocían que habían nacido en sus casas (o las modernas eran sus madres, solo que no lo sabían). No había revistas ni páginas web especializadas que te diesen buenos consejos, ni clases de preparación al parto. Había otra clase de experiencia, pero también diferente mentalidad. Mi abuela tenía seis hijos y ya le daban bastante trabajo. Era una vida sin tantas comodidades, aunque por entonces casi todas las casas comenzaron a tener lavadoras. No existían los hiper en los que cargar el coche con la compra de la semana y había que ir a diario y esperar la vez en el mercado, aunque también la recuerdo atravesando medio Getafe, porque en el economato de la empresa en la que trabajaba mi padre la compra salía un poco más barata. A veces ibamos por la tarde, después de salir del colegio y, además del carrito, tenía que tirar de cuatro niños de 8, 6, 4, 2 años... También recuerdo las caminatas hasta casa de mi abuelo para llevarle la cena cuando murió mi abuela, las revistas de patrones y los retales con los que nos hacía vestidos, las muchas veces que amenazaba con quitarse la zapatilla, pero nunca llegaba a hacerlo. También estoy segura de que mi madre nunca nos ayudó a hacer los deberes. Difícilmente habría podido porque cuando era niña su profesora prefería estar de conversación en el pasillo antes que enseñarles matemáticas, con ponerles a coser tenía suficiente. Recuerdo que todas las tardes planchaba mientras en la radio se oía a Elena Francis y que los consejos de aquella señora siempre eran los mismos, hacerse respetar por los novios (teniendo en cuenta que hacerse respetar era esperar a tener sexo después de casados), ser paciente con los deslices y el malhumor de los maridos y usar la crema a la cera de plumas de cisne para mantener el cutis terso y suave.


Por si no os ha quedado claro el concepto publiciatario de la época

Lo que quiero decir es que nunca tuve la menor duda de que ser madre no es fácil, pero  también estoy convencida de que a día de hoy nuestras opciones son mucho mayores. Pertenezco a una generación que pudo disfrutar de oportunidades que hasta entonces habían estado vedadas a la gran mayoría. Pude estudiar, sacarme el carnet de conducir casi en cuanto cumplí los dieciocho años,  tuve libertad para salir y entrar (relativa y negociada, pero libertad al fin y al cabo), pude trabajar y tener independencia. Y si hice todo eso fue en gran parte gracias al apoyo de mi madre, que no tuvo ocasión de estudiar, que trabajó como una mula, pero sin cobrar ni tener reconocimiento legal, que me ayudó a cuidar a mi hijo para que yo no tuviera que renunciar. 

Y una vez más los tiempos han cambiado y nos encontramos con nuevos problemas (celebrar la fiesta de cumpleaños perfecta, sobrevivir a los grupos de Whatsapp, confiar en que el partido de fútbol del sábado no termine saliendo en las noticias...) Ahora tenemos horarios laborales imposibles y corresponsabilidades que dejan mucho que desear, mujeres que optan por aparcar sus carreras para criar a sus hijos y otras que hacen malabares intentando llegar a todo (y seguramente tanto unas como otras dudan en ocasiones de si tomaron la mejor decisión). Por eso no entiendo las etiquetas de "buenas o malas" madres y me parece lo peor que las redes se llenen de comentarios desaprobatorios cada dos por tres si una mujer que ocupa un cargo público se lleva a su bebé a una sesión de investidura o a otra se le ocurre dejarlo con una persona de confianza e irse por ahí a cenar.

Debe ser que no tenemos problemas más graves

Pero lo que sí me gusta es que todas podemos expresar nuestra opinión (también Samanta Villar, por supuesto) y decidir responsable y libremente si quermos tener un hijo, ninguno o media docena, si lo haremos en solitario (a veces por elección y otras porque no nos queda más remedio) o con idéntica implicación de nuestras parejas. Porque hay muchos, muchísimos aspectos en los que hay que seguir avanzando (de hecho he comenzado a escribirlos, pero eran tantos que he renunciado a intentarlo), porque si las que nos precedieron no nos hubieran abierto el camino, no estaríamos aquí. Por eso, antes que nada, lo que hoy quería era dar las gracias a mi madre y decirle que ojalá supiera hacerlo tan bien como ella.

Como lo hizo, como aún lo hace

Y mañana, si os parece, podemos seguir discutiendo cómo.




23 de abril de 2017

Para celebrar

Hoy es una de esas fechas señaladas en el calendario. Soy de las que creen que todos los días son buenos para celebrar y mejores aún para leer, aunque es verdad que hoy las librerías hacen descuento y siempre es emocionante ver calles llenas de libros y gente curioseando entre los puestos. Mirar, desear, dejar otra vez en su sitio porque nunca puedes llevarte todo lo que te gustaría y acabar quedándote con algo que no esperabas, pero que, con un poco de suerte, se convertirá en especial.



Reconozco que siempre que pienso en días así, lo hago como lectora. De hecho esta mañana me escribía una amiga para comentarme otra cosa y me decía que esperaba que estuviese firmando mucho, y yo me he quedado un poco perpleja y luego le he dicho la verdad, que había pasado la mañana planchando. Pero a continuación me he quedado pensando en todas las citas que tengo por delante, y que además de un poco de vértigo y la emoción por los planes que hacen una ilusión atroz  y a la vez aterran (porque como os digo todavía tengo más chip de lectora que de autora y no me acabo de creer eso de estar al otro lado), en resumen, que me he sentido reivindicativa (y como soy así de disociativa, si no tanto en mí, sí creo en mis historias) y he decidido que es un buen momento para hablaros de lo que voy a hacer estos días.

Miercoles, 26 de abril, 19 horas. Charla-coloquio en la biblioteca de Ugena.

Gracias a Carolina, bibliotecaria amorosa, y a Marisa, concejal de Cultura, y con el club de lectura local y todos los que se nos quieran unir. La idea es hablar sobre lo que nos han aportado los libros. Cómo nos han abierto puertas, descubierto paisajes y ayudado cuando nos sentíamos tristes, solos o simplemente aburridos, pero Carolina ha hecho este cartel tan bonito y me temo que también hablaré de los míos.




Viernes, 28 de abril, 19 horas. Firma en la Feria del Libro de Granada.

No hace ni dos meses que estuve en Granada, en el encuentro de Armilla, y fue tan emocionante, lo pasé tan bien, recibí tanto cariño, tantas ganas, me gustó tanto la ciudad que lo primero que pensé, incluso antes de abandonarla, era que tenía que volver. Es cierto que no imaginaba que iba a ser tan pronto, pero cuando surgió la oportunidad de estar presente en la Feria del Libro, gracias a la generosidad y el trabajo de Ana Lara (librera amante del oficio y persona adorable, entusiasta y positiva donde las haya) no lo dudé un instante. 



Sábado, 29 de abril. Convención HeartCon. Málaga

Soy así de práctica. En el mismo fin de semana bajo hasta Málaga para participar en el nuevo formato de encuentro que organizan Loli Díaz y M.J. Sánchez. Promete ser innovador y original, habrá talleres, charlas y oportunidad de intercambiar ideas entre lectores, editores y autores. Estoy segura de que será motivador, interesante y muy divertido. Las inscripciones aún están abiertas, así que si tenéis posibilidad, yo no me lo pensaría.


Viernes, 12 de mayo, 19.30 h. Presentación de El último baile en Librería La Sombra. Madrid.

Para esta fecha queda un poco más, pero ya estoy emocionada y contando los días. Porque estará conmigo Lidia (que además de amiga y descubridora de historias que dejan huella, me hace creer cuando yo dudo y me ofrece razones cuando lo demás falla), porque son Lilian y Andreas, porque todas mis historias llevan mi corazón, pero El último baile se lo quedó y será difícil que llegue a soltarlo.



Todas las presentaciones que me he animado a hacer han sido especiales. Recuerdo la primera con La dama del paso, con Lidia y con toda la gente que me quiere y me tiene una paciencia infinita, la de El juego de la inocencia con la maravillosa Marianchu y también en la misma librería La Sombra, lo divertida que fue y lo mimada que me sentí (y que por una de esas casualidades no buscadas también se celebró un doce de mayo y estoy segura de que eso traerá suerte e irá igual de bien o mejor) y la de Tú en la sombra en la librería Bravo de Fuenlabrada con mi queridísima Eugenia. Y en todas ellas dudé horrores antes de decidirme a hacerlas, y luego disfruté como una niña. Y no, no porque se vendan docenas de ejemplares. Como comentaba con otras amigas estos días, es casi un milagro vender. Pero reunirnos para charlar,  para compartir amores presentes y pasados, para hablar de realidades que solo existen escritas en letras de imprenta y tratar de cambiar o hacer más llevadera esta... Para hablar de libros, eso siempre merecerá la pena. 

Seriedad ante todo


Y si no se tuerce nada, queda otra fecha pendiente en junio y en la Feria del Libro de Madrid (cruzo los dedos para no despertar). Así que ya veis que hay mucho que celebrar y no quiero darme cuenta después, cuando ya sea tarde y haya pasado. Por eso, después de guardar la ropa que había estado planchando (y espero que nadie diga que esto es un cliché de ama de casa aburrida porque hasta los autores consagrados necesitan ir presentables) me he sentado frente al portátil y he escrito esta entrada. Para celebrar que estos días estaré del otro lado y pienso disfrutarlo al menos tanto como cuando solo iba a mirar. En el fondo sigue siendo lo mismo. Creedme, lo de menos es quien los escribe. Lo importante es lo que significan para nosotros. 

Feliz día del libro.